El obispo Blázquez pide perdón para la Iglesia por la Guerra Civil
EL PAIS , 20 NOVIEMBRE
El obispo Blázquez pide perdón para la Iglesia por la Guerra Civil
Discurso rupturista del líder episcopal, que insta a honrar a todas las víctimas
JUAN G. BEDOYA - Madrid - 20/11/2007
El obispo Ricardo Blázquez acaba su mandato al frente de la Conferencia Episcopal con dos mensajes que dejaron ayer mudos a muchos jerarcas del catolicismo español. Pidió perdón por "actuaciones concretas" de miembros de la Iglesia durante la II República y la Guerra Civil -"el decenio de los treinta", en palabras del prelado-, y recordó al cardenal Vicente Enrique y Tarancón como un hombre providencial por haber aplicado en España el Concilio Vaticano II y ser "instrumento eficaz de reconciliación" tras la muerte del dictador Franco. Los anticlericales de derechas y muchos obispos execraron de Tarancón por sus posiciones aperturistas durante su largo mandato al frente de la Conferencia Episcopal (CEE), entre 1971 a 1982.
Dice Blázquez: "La purificación implica el reconocimiento de los pecados"
Posición oficial: "La Iglesia en la Guerra Civil fue sujeto paciente y víctima"
Hasta ahora los obispos han considerado a su iglesia víctima de la II República y de la Guerra Civil, pese a haber impulsado y apoyado el golpe militar que desató la guerra fratricida el 18 de julio de 1936, y bendecido como "cruzada cristiana" las acciones bélicas que desembocaron en una férrea dictadura de 40 años. "La Iglesia, en la guerra civil, fue sujeto paciente y víctima", proclamó el siete de abril de 2000 el entonces portavoz de la CEE, hoy obispo de Córdoba, Juan José Asenjo. El presidente era entonces el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco.
En cambio, el sucesor de Rouco, en el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de la CEE, la última de su mandato, dijo ayer: "En muchas ocasiones tendremos motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo y en otros momentos, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos, ya que la purificación de la memoria implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda".
Blázquez dijo estas palabras al referirse a la beatificación de 498 mártires de la Guerra Civil, el pasado 28 de octubre en Roma, y al derecho de los otros colectivos implicados en aquella terrible guerra de honrar también a sus víctimas. Añadió: "Los que nos han precedido pueden haber sido testigos luminosos del Evangelio, y en otras ocasiones pueden haber realizado lo que el Evangelio desaprueba. Todos nosotros debemos pedir diariamente a Dios que nos libre de caer en la tentación".
Escuchando a Blázquez, sentado a su izquierda en la presidencia, se encontraba Rouco. Era la primera vez que el cardenal acudía a oír un discurso de su sucesor. Rouco fue desalojado del liderazgo de la CEE hace tres años porque no logró los dos tercios de los votos necesarios para un tercer mandato. Ayer regresó, quizás porque se abría la precampaña de las próximas elecciones episcopales, convocadas para marzo de 2008, en las que quiere volver a ser protagonista, según sus seguidores.
El perdón reclamado ahora por Blázquez contrasta con la actitud del episcopado en pleno, elevada a documento oficial cuando Rouco era presidente. Fue en noviembre de 1999, bajo el título La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al siglo XX. Decían entonces los obispos sobre la que llamaban "la guerra civil más destructiva" de la historia de España: "No queremos señalar culpas de nadie en esta trágica ruptura de la convivencia. Deseamos más bien pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba".
Blázquez recordó ayer cómo en el año 2000 el Papa, "abrazado a la cruz, en el marco incomparable del Coliseo de Roma, pidió perdón por los pecados de los hijos de la Iglesia". También se desmarcó de las tesis oficiales del episcopado respecto a las recientes beatificaciones y el frontal rechazo a la llamada Ley de la Memoria Histórica. Dijo: "Recordamos la historia no para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda acertada".
Añadió el prelado de Bilbao, nacido hace 65 años en el seno de una humilde familia de agricultores de un pueblecito de Ávila, Villanueva del Campillo: "La beatificación de los mártires no va contra nadie, a nadie se echa en cara su muerte, a nadie se pide cuentas. Aunque nosotros nos referimos a los mártires cristianos, mostramos nuestro respeto a las personas que han servido a sus causas hasta las últimas consecuencias. Ante toda persona que lucha honradamente por la libertad de los oprimidos, por la defensa de los pobres y por la solidaridad entre todos los hombres inclinamos nuestra cabeza, remitiendo a Dios el juicio último".
También dijo que "cada grupo humano -una sociedad concreta, la Iglesia católica en un espacio geográfico, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica- tiene derecho a rememorar su historia, a cultivar su memoria colectiva, ya que de esta manera profundizan también en su identidad". Pero añadió: "No es acertado volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias. Miramos al pasado con el deseo de purificar la memoria, de corregir posibles fallos, de buscar la paz".
El cardenal Tarancón lo intentó en 1971
El cardenal Tarancón figura por fin en la galería de retratos de presidentes de la Conferencia Episcopal, pintado por sor Isabel Guerra. No ocupa un lugar destacado, reservado a sus sucesores -el arzobispo Díaz Merchán (1981-1087), el cardenal Suquía (1987-1993), el arzobispo Yanes (1993-1999) y el cardenal Rouco (1999-1995)-, pero al menos está. "Nos recuerda un tramo decisivo de nuestra historia", subrayó ayer Ricardo Blázquez al anunciar ante la asamblea plenaria de los obispos la colocación del retrato.
Tarancón nació hace cien años en Burriana (Castellón) y fue providencial para el catolicismo español. Si la Iglesia salió viva de su encendido apoyo a Franco en la guerra civil y durante la dictadura fue gracias, sobre todo, a eclesiásticos como el ya mítico cardenal, bien arropado por una mayoría del clero de base.
Sin Tarancón y su grupo de colaboradores, apoyados en todo momento por el papa Pablo VI, la transición desde el nacionalcatolicismo hacia la democracia hubiera sido imposible. Cardenales como Marcelo González, primado de Toledo, y obispos como Guerra Campos, entonces secretario general de la Conferencia Episcopal, pelearon contra él para que el episcopado se opusiera, oficialmente, a la Constitución de 1978, que tachaban de atea y anticlerical.
Dijo Blázquez ayer sobre Tarancón: "Lo recordamos con profunda gratitud. Nuestra memoria es homenaje y reconocimiento de su persona y de su obra. Fue, en una coyuntura crucial, un don de Dios para la Iglesia y la sociedad española".
La Asamblea Conjunta
La alambicada petición de perdón que ahora proclama Blázquez en solitario tampoco pudo sacarla adelante Tarancón. Por bien poco. Fue en la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes españoles celebrada en Madrid en 1971. La proposición que se sometió a votación entonces, con gran escándalo de la prensa del momento -con contadas excepciones, entre otras la de la revista católica Vida Nueva- decía: "Si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso y su palabra ya no está con nosotros. Así, pues, reconocemos humildemente y pedimos perdón porque no supimos a su tiempo ser verdaderos ministros de reconciliación en el pueblo dividido por una guerra entre hermanos". La propuesta contó con el apoyo de más del 60% de la Asamblea, pero no valió porque se exigían los dos tercios de los sufragios.
"Fue el momento de la ruptura de la Iglesia católica con la dictadura y con el rancio nacionalcatolicismo que hasta entonces la había sustentado, y del compromiso con la democracia", dice el teólogo católico Juan José Tamayo.
ABC 20 NOVBRE
Blázquez invoca a Tarancón y apuesta por «la concordia, la pluralidad y el diálogo»
JESÚS BASTANTE. MADRID.
El obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, reivindicó ayer, «con profunda gratitud», el legado de «concordia, pluralidad y diálogo» dejado en la Iglesia y la sociedad españolas por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, de cuyo nacimiento se acaban de cumplir cien años.
La vigencia del «espíritu» de Tarancón fue una de las claves del discurso inaugural de la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal antes de las elecciones que, el próximo mes de marzo, dilucidarán si Ricardo Blázquez continúa o no como máximo dirigente del Episcopado de nuestro país, después de un mandato marcado por las dificultades, tanto en el interior de la Casa de la Iglesia como en las fluctuantes relaciones con el Gobierno socialista.
Elecciones el 4 de marzo
Una votación que, además, coincidirá en el tiempo con las elecciones generales, que se celebrarán con apenas unos días de distancia. Así, y a falta de confirmación oficial, los comicios en la Casa de la Iglesia tendrán lugar el 4 de marzo, mientras que la fecha para las generales será el 9 de ese mes.
En esta clave, las palabras de Blázquez, asumiendo el legado de Tarancón, supusieron la apertura de una nueva vía de debate ante unas elecciones que se presumen vitales para el futuro de la Iglesia española y de su capacidad para influir en la vida social, cultural y política de nuestro país.
«El cardenal Tarancón buscó siempre la concordia, respetando la pluralidad y fomentando el diálogo», apuntó Blázquez, quien recordó cómo «tanto el amor a la Iglesia como el servicio a nuestro pueblo» fueron las grandes preocupaciones del cardenal. Éste «contribuyó poderosamente a que nuestra Iglesia acometiera los cambios» indicados por Pablo VI «cuando pensó en él para liderar a la Iglesia española en aquella delicada situación y cuando la Conferencia Episcopal lo eligió y reeligió como su presidente», subrayó el obispo de Bilbao.
Tarancón «afirmaba abiertamente que la Iglesia veía con buenos ojos la llegada de la democracia y el pluralismo que le es inherente», recordó el presidente del Episcopado, quien añadió que, a través de su impulso, «la Iglesia respondió con dignidad y clarividencia al desafío que le planteaba la aplicación del Concilio en la fase de la transición de nuestra sociedad».
«La Iglesia estuvo a la altura»
«La Iglesia estuvo a la altura del momento histórico», apuntó el obispo de Bilbao, quien enfatizó que la actitud demostrada por los obispos españoles en aquel tiempo, bajo el mando de Tarancón, «no fue sólo coyuntural; aunque la situación presente sea en muchos aspectos diversa, hay valores permanentes», simbolizados en el legado dejado por el que fuera cardenal de Madrid.
Como gesto de homenaje a la figura del que fuera cardenal de Madrid, y en vísperas al recuerdo de su fallecimiento, acaecido el 28 de noviembre de 1994, la Casa de la Iglesia inauguró un retrato del purpurado.
El otro gran tema del discurso de Blázquez giró en torno a la memoria de la Guerra Civil y el papel de los cristianos en aquel «periodo agitado y doloroso de nuestra historia». En este sentido, los obispos «deseamos que se haga plena luz sobre nuestro pasado: qué ocurrió, cómo ocurrió, por qué ocurrió, qué consecuencias trajo».
No obstante, el presidente del Episcopado puntualizó que «la memoria colectiva no se puede fijar selectivamente». En su opinión, «cada grupo humano (una sociedad concreta, la Iglesia católica en un espacio geográfico, un partido político, un sindicato, una institución) tienen derecho a rememorar su historia y a cultivar su memoria colectiva».
«Pero no es acertado -recalcó- volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias». Para Blázquez, es necesario «mirar al pasado con el deseo de purificar la memoria, de corregir posibles fallos, de buscar la paz (...), sin ánimo de revancha, sino con la disponibilidad de afirmar lo propio y de fomentar al mismo tiempo el respeto a lo diferente, ya que nadie tiene derecho a sofocar los legítimos sentimientos de otro ni a imponerle los propios».
«Debemos pedir perdón»
«La búsqueda de la convivencia en la verdad, la justicia y la libertad puede guiar el ejercicio de la memoria», aconsejó el presidente del Episcopado, quien recalcó cómo, al hacerlo, «en muchas ocasiones tendremos motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo», mientras que «en otros momentos, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos, ya que la «purificación de la memoria», a que nos invitó Juan Pablo II, implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de enmienda».
«Recordemos la historia no para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda acertada», añadió el obispo de Bilbao, quien rompió una lanza en favor del testimonio de tantos mártires, fallecidos a causa de su fe, durante la Guerra Civil, muchos de los cuales ya han sido beatificados.
«Los mártires -indicó el presidente del Episcopado-, habiendo sido perdonados y queridos por Dios, ofrecen también perdón. No denuncian ni señalan a nadie, no guardan rencor en su corazón». Por ello, Blázquez se empeñó en recordar que «la beatificación de los mártires no va contra nadie, a nadie se echa en cara su muerte, a nadie se acusa, a nadie se pide cuentas».
Sí apostó el obispo de Bilbao por reconocer el «comportamiento moral de otras personas», que defendieron sus ideas «con sacrificios y radicalidad». En este sentido, Blázquez mostró «nuestro respeto a las personas que han mantenido sus convicciones y han servido a sus causas hasta sus últimas consecuencias».
Para Blázquez, «ante toda persona que lucha honradamente por la libertad de los oprimidos, por la defensa de los pobres y por la solidaridad entre todos los hombres inclinamos nuestra cabeza, remitiendo a Dios el juicio último de su vida y de la nuestra».
«Al servicio de la unidad»
En su discurso, el presidente de la Conferencia Episcopal estuvo flanqueado por su vicepresidente Cañizares y por el cardenal Rouco, quien por primera vez en los últimos años pudo asistir a las palabras del obispo de Bilbao. También asistió el Nuncio, Manuel Monteiro de Castro, quien, ante la asamblea, evocó el viaje de Juan Pablo II, hace 25 años, a España, recordando a los obispos su compromiso de «estar al servicio de la unidad».
LA VANGUARDIA 20-NOV
Blázquez pide perdón por el papel de la Iglesia en la Guerra Civil
El presidente de la Conferencia Episcopal reclama objetividad en el estudio del pasado y denuncia parcialidad en la Ley de la Memoria Histórica
Madrid. (EFE).-
El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Ricardo Blázquez, pidió hoy perdón por el papel de la Iglesia durante la Guerra Civil en el marco del discurso de apertura de la XC Asamblea Plenaria. El Obispo de Bilbao aseguró que "habrá momentos para dar gracias por lo que se hizo y por las personas que actuaron, y probablemente en otros y ante actuaciones concretas, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos", añadió Blázquez citando a "la purificación de la memoria" a la que invitó Juan Pablo II.
En este sentido, el prelado afirmó que no es acertado volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar las desavenencias, al referirse a las recientes beatificaciones de mártires en Roma y al aludir a la Ley de la Memoria Histórica. Blázquez dijo también que "la búsqueda de la convivencia en la verdad, la justicia y la libertad debe guiar el ejercicio de la memoria".
El obispo de Bilbao expresó su deseo de que los historiadores contribuyan a que se haga "plena luz sobre nuestro pasado: Qué ocurrió, cómo ocurrió, por qué ocurrió, qué consecuencias trajo". Para Blázquez, esta aproximación abierta, objetiva y científica "evita la pretensión de imponer a la sociedad entera una determinada perspectiva en la comprensión de la historia. La memoria colectiva no se puede fijar selectivamente; es posible que sobre los mismos acontecimientos existan apreciaciones diferentes, que se irán acercando si existe el deseo auténtico de comprender la realidad".
Tras afirmar que cada grupo humano, como la Iglesia católica, tienen derecho a rememorar su historia y a cultivar su memoria colectiva "porque de esta manera profundizan también en su identidad", Blázquez dijo que esa actualización del pasado, además de ensanchar la conciencia compartida puede sugerir actuaciones de cara al futuro, ya que memoria y esperanza están íntimamente unidas".
"Pero "advirtió el presidente de la CEE" no es acertado volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias. Miramos al pasado con el deseo de purificar la memoria, de corregir posibles fallos, de buscar la paz". Para el obispo de Bilbao la búsqueda de la convivencia en la verdad, la justicia y la libertad debe guiar el ejercicio de la memoria, y recordó que un cristiano no puede dejarse llevar del odio, aunque sea en nombre de la justicia.
Habrá momentos para dar gracias por lo que se hizo y por las personas que actuaron, y probablemente en otros y ante actuaciones concretas, "sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos", añadió Blázquez citando a "la purificación de la memoria" a la que invitó Juan Pablo II.
En su intervención citó varios documentos de la Conferencia Episcopal Española sobre la necesidad de perdonar por todos los que se vieron implicados en la Guerra Civil, de uno u otro bando, "en acciones que el Evangelio reprueba", para señalar: "recordamos la historia no para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda acertada".
Dijo también el prelado que aunque "nosotros nos referimos a los mártires cristianos, mostramos nuestro respeto a las personas que han mantenido sus convicciones y han servido a sus causas hasta afrontar las últimas consecuencias".
Por otro lado, tras felicitar a los arzobispos de Barcelona y Valencia, García-Gasco y Martínez Sistach, respectivamente, junto al sacerdote Urbano Navarrete, recientemente designados cardenales por el Papa, así como al portavoz de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino, nombrado obispo auxiliar de Madrid el pasado sábado, Ricardo Blázquez centró su discurso en el reciente acto de las beatificaciones de 498 mártires en la Plaza de San Pedro del Vaticano.
EL PERIODICO DE CATALUNYA 20 NOV
Blázquez pide perdón por actos de la Iglesia en la guerra civil
ANTONIO M. YAGÜE
MADRID
Con menos ambigüedad de la que a menudo revisten sus afirmaciones los dirigentes de la Iglesia católica, el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, defendió ayer que la Iglesia "debe pedir perdón y reorientarse" por las "actuaciones concretas" durante la Segunda República y la guerra civil. No obstante, en el preámbulo de este reconocimiento --contrario a los postulados de sector más conservador que lidera el cardenal Antonio María Rouco Varela--, el prelado recordó que durante ese "periodo doloroso y agitado de la historia de España, en muchas ocasiones habrá motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo".
Blázquez insistió en esta idea ante la asamblea plenaria de los obispos, la última de su mandato. "La purificación de la memoria, a la que nos invitó Juan Pablo II, implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda", proclamó.
El presidente episcopal citó en su intervención varios documentos de la CEE sobre la necesidad de perdonar por parte de todos los que se vieron implicados en la guerra civil, de uno y otro bando, "en acciones que el Evangelio reprueba". También se extendió sobre las recientes beatificaciones de mártires cristianos en Roma, pero quiso dejar claro que la Iglesia respeta "a las personas que han mantenido sus convicciones y han servido a sus causas hasta afrontar las últimas consecuencias".
En un implícita alusión a la ley de la memoria histórica, el máximo representante del episcopado aseveró que "no es acertado volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias", sino que hay que hacerlo con el "deseo de purificar la memoria, de corregir posibles fallos y de buscar la paz".
MEMORIA SIN IRA
Según Blázquez, la memoria colectiva no se puede fijar de modo selectivo porque es posible hacer apreciaciones diferentes sobre los mismos hechos. Por eso apeló a que los historiadores sigan trabajando para ofrecer plena luz sobre lo que ocurrió durante la guerra civil. Admitió que los partidos políticos, como cualquier grupo humano, tienen derecho a rememorar su historia y cultivar su memoria colectiva, pero "sin ira y ánimos de revancha".
El obispo de Bilbao recordó en su centenario al cardenal Vicente Enrique y Tarancón, que durante una década presidió el episcopado durante la etapa de la transición a la democracia. Blázquez elogió su figura de hombre providencial por haber aplicado en España el concilio Vaticano II y por convertirse en "instrumento eficaz de reconciliación" tras la muerte de Franco.
EL MUNDO 20-NOV
ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
Blázquez reconoce el derecho a recuperar la memoria histórica pero 'sin reabrir heridas'
'Ante actuaciones concretas, sin hacernos jueces, debemos pedir perdón y reorientarnos'
'La memoria colectiva no se puede fijar selectivamente', aseguró el prelado
EUROPA PRESS
MADRID.- El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y obispo de Bilbao, monseñor Ricardo Blázquez ha reconocido "el derecho de cada grupo humano a rememorar su historia" pero advirtió de que no debe servir para "reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias". "Ante actuaciones concretas, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos", apuntó.
Durante su discurso inaugural de la XC Asamblea Plenaria, que se centró fundamentalmente en la reciente beatificación de 498 mártires españoles durante la persecución religiosa en el Siglo XX, el número uno de la Iglesia Católica española, señaló que al recordar la historia en "muchas ocasiones hay motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron".
Dicho esto, Blázquez recalcó que "en otros momentos ante actuaciones concretas, sin erigirnos en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos". Según dijo, citando palabras de Juan Pablo II, "la purificación de la memoria implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda".
Asimismo, afirmó que "cada grupo humano -- sociedad, iglesia, partidos políticos, sindicatos -- tiene derecho a rememorar su historia y a cultivar su memoria colectiva, ya que de esta manera profundizan también su identidad".
Blázquez señaló que se deben recordar "sin ira las etapas anteriores de la historia, sin ánimo de revancha"
En esta línea, añadió que también la Iglesia "desea que se haga plena luz sobre el pasado: Qué ocurrió, cómo ocurrió, por qué ocurrió y qué consecuencias trajo". Sin embargo, alertó de que "no es acertado volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias".
"La memoria colectiva no se puede fijar selectivamente", insistió el prelado, para quien sólo "una aproximación abierta, objetiva y científica evita la pretensión de imponer a la sociedad entera una determinada perspectiva en la comprensión de la historia".
En este sentido, también señaló que se debe recordar "sin ira las etapas anteriores de la historia, sin ánimo de revancha, sino con la disponibilidad de afirmar lo propio y de fomentar al mismo tiempo el respeto a lo diferente, ya que nadie tiene derecho a sofocar los legítimos sentimientos de otro ni de imponerles los propios".
"La lectura de la historia no debe servir para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda acertada", indicó.
Mártires: 'Nadie echa en cara' su muerte
Concretamente sobre los mártires, monseñor Blázquez destacó que "no denuncian ni señalan a nadie ni guardan rencor en su corazón" y que su beatificación "tampoco va contra nadie y a nadie echa en cara su muerte". "A nadie se acusa, a nadie se pide cuentas", apuntó.
Durante su discurso, el prelado también hizo referencia al cardenal Vicente Enrique y Tarancón al cumplirse este año el centenario de su nacimiento. De él, destacó "sus dotes humanas y experiencia pastoral" para dirigir la Iglesia española "en la transición de un régimen personal a un régimen democrático con los numerosos y profundos cambios implicados". "Era un hombre a quien pusieron en un puesto difícil en un momento difícil", indicó.
Asimismo, aseguró que fue "una persona que contribuyó poderosamente a que la Iglesia acometiera los cambios necesarios y respondiera con dignidad y clarividencia al desafío que le planteaban la aplicación del Concilio Vaticano II en la transición de nuestra historia".
"Podemos reconocer que la Iglesia estuvo a la altura del momento histórico; y la sociedad española quedó en general satisfecha de la transición de un régimen a otro", añadió el prelado, quien dedicó la última parte de su discurso al XXV aniversario de la primera visita del Papa Juan Pablo II a España.
Al respecto, el nuncio apostólico en España, monseñor Manuel Monteiro de Castro, resumió, durante su intervención ante los obispos, los principales mensajes del Pontífice durante aquella primera visita. Así, recordó a los prelados "su misión de santificar a los fieles con su ejemplo" y de "ser compasivos y sacrificados".
"Los obispos no están sólo para administrar los sacramentos deben ser también pastores dedicados y vigilantes", apuntó el nuncio, quien afirmó que el recuerdo de los 498 mártires debe servir de "estímulo, sobre todo para los obispos, para ser testigos del Evangelio".
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